Cincopa Gallery

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miércoles, 11 de diciembre de 2013

SANDRA ÁVILA EN EL DIARIO "AQUÍ RANCHOS"







Recorte de DIARIO que me regalaron ayer en el supermercado "AQUÍ RANCHOS" publicado el 21 de noviembre de 2013 

CONVOCATORIA FOTOS DE BAÚL.


Mi madre murió el 1 de julio de 2013 pero hacía tiempo que se había ido. Había decidido no hablar más-sólo lo estrictamente necesario- desde hacía varios años. Así que el día que se fue del todo, no fue sino una retirada de cuerpo entero, porque su espíritu se había retirado hacía rato.
Lo único que dejó como testimonio de su vida en Lima fue una caja con fotos en blanco y negro. Algunas pocas escritas por ella a mano alzada, donde quedaron rastros de cartas a medio escribir, alguna que otra fecha y el lugar donde fueron tomadas. Pero la mayoría son mudas, tan solo imágenes que nos invitan a imaginar infinitas historias posibles porque no hay palabras que encajonen su sentido.
Así es como surge esta convocatoria espontánea a la que, gentilmente, se sumó esta querida amiga escritora Sandra Avila y a la que confiamos otros escritores también lo hagan.
Juguemos a inventar porque estas imágenes, hasta ahora mudas, están esperando a que alguien cuente sus historias.

Verónica Meo Laos (Periodista, escritora)


QUIENES QUIERAN PARTICIPAN DEBEN ENVIAR SU TEXTO A VERÓNICA MEO LAOS 

SU MAIL ES: meolaosv@yahoo.com.ar




    

                         

  




                       

                                                                 
                                                              
                                  




                                   


                                                             





FOTOGRAFÍAS: DE VERÓNICA MEO LAOS


miércoles, 6 de noviembre de 2013

Premios Guka 2013 -MULTIMEDIO DIGITAL


Les dejó link del diario MULTIMEDIO DIGITAL

http://www.multimediodigital.com/?p=26613

CUENTOS URBANOS. ENTREVISTA A SANDRA ÁVILA

LA ESCRITORA Y PERIODISTA VERONICA MEO LAOS , ME ENTREVISTO PARA EL DIARIO

LA CAPITAL DE MAR DEL PLATA

Aquí les dejó el enlace. http://www.luisbarga.net/2013/05/libros-cuentos-urbanos-sandra-avila-la.html



viernes, 11 de octubre de 2013

9 meses que te fuiste de viaje.Sandra Ávila



    Abro la ventana dejo que el aire circule. Cambio las sabanas sucias por otras limpias, que bien huelen las sabanas secadas al sol, sin embargo tender la cama me parece algo inútil, como entrar en un círculo vicioso” tender la cama por la mañana, por la noche abrirla, meterse y dormir, por la mañana levantarse, tender la cama y por la noche desarmarla, abrirla como una puerta que te lleva a un patio, meterse adentro como si esta fuese un sobre y dormirse, y así todos los días de nuestras vida hasta que un día no despertamos más”. Junto todos los papeles con anotaciones sin importancia que están en el piso y en el mueble, son papeles viejos los hago un bollo para tirar. Me gustaría saber dónde van los sueños, cuando duermo, si hay alguien que se dedica a editar sueños. Ayer soñé con él, sé que fue un sueño donde lo recordé, un recuerdo convertido en sueño, todavía no creo que se fue, estoy en la etapa de la negación, supongo, pienso e imagino que está de viaje, que se fue a recorrer el mundo, ese mundo que nunca conoció. En ese sueño que tengo ambos somos chicos, lo único que nos preocupa es cazar ranas, preparar plomada y curar las alas de las garzas, esas blancas que pasan por casa todas las tardes para ir a beber agua por ahí cerca. Contaba una de mis tías que una tarde en que mi abuela dormía la siesta le pidió a él que espantase al gallo, y él le pego de tal forma que lo mató. Cuando mi abuela se dio cuenta le mando el gallo a mi mama. Cuando sueño con él pasamos caminando por la quema, huele a basura podrida; hay humo negro que contaminaba toda la zona, nosotros pasábamos por ahí para visitar a una de mis tías, creo que había otra opción para llegar al mismo destino, pero significaba cortar camino y perderse de todos los tesoros que tiraba la gente, muñecas sin brazos, peines, clavos oxidados, arandelas o tornillos. Lo recuerdo cuando usaba una camisa negra y tocaba un instrumento, lo recuerdo cuando ensayaban, no sé quien se habrá quedado con esas fotos. Ojala no se hayan arruinado cuando llovió aquella temporada y se estropearon todas las cosas del ropero viejo. Cuando estaba en tercer grado, dibujo un auto en mi cuaderno de clases, lo pinto y lo sombreo con el mismo lápiz negro, de fondo había una silueta de una ruta. Me acuerdo cuando tuve mi fiesta de quince y él bailo conmigo. No recuerdo haberle dicho cuanto lo quería, trato de imaginar un momento sublime y especial y en mi mente no está, nunca se lo dije, me pregunto si el sabia, éramos como hermanos, y nos queríamos mucho. Cuando trabajaba era yo quien picaba las verduras para prepararle su comida, lo esperaba y comíamos juntos. Me acuerdo cuando caminaba un par de cuadras a mi lado y me decía

   -¡Chuchi camina que yo te miro!!

     Yo no dudaba, caminaba sin parar hasta llegar a la escuela, ambos nos perdíamos en el pasto, yo llegaba a la escuela cada día sabiendo que él me estaba cuidando, como hasta ahora. 
Nunca quisiste decirles a los demás cuanto estabas sufriendo. Cuando te mandaba mensajes a tu teléfono me decías “me siento re bien” yo sabía que la enfermedad te estaba comiendo como un monstruo, sin embargo nunca te quejaste. Fuiste muy valiente y siento que al final te entregaste. No quiero llorarte porque sigo creyendo que te fuiste de viaje a esos lugares que nunca fuiste y que te hubiese gustado visitar. Cuando mi angustia se acerque sé que voy a llorarte y me sentiré mejor, guardo tus fotos con mis mejores tesoros. 

Sandra Ávila

lunes, 30 de septiembre de 2013

DIARIOS PLATENSES 1Pte-SANDRA ÁVILA

El tiempo es oro, dicen por ahí, no sé quien invento esa frase tan famosa pero he comprobado que es cierto. A mí no me sobra el tiempo, pero trato de hacer miles de cosas durante el día, entre ellas escribir o empezar a escribir algo que valga la pena y en los siguientes días corrijo (a veces no) En tiempo libre también leo todo lo que puedo, he podido comprar mucho libros que me gustan últimamente. Por lo menos llevo un libro en mi cartera, vez de viajar y ver el mismo paisaje aburrido de siempre, yo elijo leer “Diarios Platenses”, el blog que escribe Juan Manuel Candal 
que yo me arme de libro, y va por el post número 32. Este libro, mi libro, y soy la única que lo tiene es de 144 páginas de entretenidísima lectura. 54.283 palabras. Leí del Sr. D, y la explicación de las películas de los 80' Vs. 90. Sobre esa afinidad que existe entre él y su amigo R.S y P.D. Haré un resumen tipo comentario largo de Diarios Plantenses y voy parte por parte- me gustó mucho donde se lee que sus viejos lo dejaron solo y se fueron de vacaciones, y el dinero que le dejaron para comer uso el 90% de ese dinero para comprar una guitarra, lo cual significo "sacrificar" una de las funciones más primarias que tenemos los seres humanos:"el estomago"

Candal es muy divertido al escribir su diario, el paso del tiempo no altero sus recuerdos, sus amores, sus cosas, sus anécdotas de vida que quizás hoy cuenta con risas, y no sé si lo vio de esa misma manera en el momento que sucedió. Cuando te roba los Cd’s para regalar a sus amigos, qué adrenalina le generaba hacerlo. Qué loco!


Cuando volvía en colectivo de Chascomús a mi casa, el conductor nos dejo la luz encendida entonces saque mi libro de el bolso y me puse a leer, el señor que se sentó a mi lado se hacia el disimulado y me espía el libro. Leía mi libro de reojos, me di cuenta todo el tiempo, pero lo deje...lo mataba la curiosidad, qué chusma es la gente dios, yo me dije: “un poco de alegría no le hace mal a nadie" se hacia el que se balanceaba a mí lado por los pozos de la ruta 20 y me leía, me leía ¿eso no es genial? Sí, claro esto que me estaba pasando era positivo. en mi casa no había ni un puto libro!! Tenía un vecino que cada tanto tiraba libros y las colecciones completas de los diarios que compraba ,y ahí iba yo corriendo a juntarlos antes de que iniciara la gran fogata.Este señor que asiduamente se deshacía de cosas por lo visto, hacia limpieza y tiraba todo “nos sé que pensaba” tampoco sé si sabía que la profanadora de su basura era yo, el vivía atrás de mi casa, en esa época no nos vivida ningún paredón y ningún alambrado. Me risa saber que este hombre se metía adentro de la casa para buscar los fósforos y algún liquido inflamable y cuando volvía encontraba menos libros que los que había dejado ¿sabría él que era yo? La verdad que no lo sé. El ya falleció. Recuerdo que entre las cosas que leí había historias mitológicas y llovían peces, esas cosas me encantaban y venia muy bien acompañado de dibujos que me volaban la cabeza. El alimentaba mis ganas de leer, nunca lo supo. Mis hermanos y mis primos me acuerdo que corrían a saludarlo cada vez que vivía de su trabajo porque cada tarde traía pebetes de jamón y queso y medialunas de manteca) Me pregunto que habrán hecho con todo eso que quedo en mi casa. Voy a tener que interrogar a toda la familia, ahora mismo.

La lectura en mi infancia siempre había sido un buen escape. Amo las bibliotecas, la magia que hay en ellas, estoy armando la mía, se que será una gratificante herencia para mis hijas algún día. Al igual que los libros de este autor.
Continuará...

Sandra Ávila

jueves, 15 de agosto de 2013

Relato.Espiral -SANDRA ÁVILA

Los trabajos de los talleres Entre y Comillas.Este relato se publico en SADE seccional Chascomús -Click en título para ver la publicación en Sade-






La casa estaba entre un garaje y un departamento. Una casa grande de estructura fija de cimientos duros. Paredes gruesas, techos altos. Desde el living se escuchaba el sonido de una radio siempre puesta en el mismo dial.

Por una cabeza/todas las locuras./Su boca que besa,/borra la tristeza,/calma la amargura/


Por una cabeza,/si ella me olvida qué importa perderme mil veces la vida,/para qué vivir.

Sonaba desde las 5 de la mañana

Si no fuera por la radio todo seria un triste silencio. Cada día la casa habitaba un aroma a sopa y recuerdo que siempre era la misma sopa, el aroma a puerros, apio, acelga, verduritas verdes salía por la ventana y llegaba hasta el departamento en que yo estaba. Los martes había pescado frito con puré. Los miércoles tarta de zapallitos, los jueves era carne al horno. Cuando colgaba la ropa en mi terraza el caño que salía del spar daba justo ahí terraza y se sentía el olor al adobe que embadurnaba la carne. Y los viernes pollo, era una rutina exacta, como una norma que no podía dejar de cumplirse. Y al día siguiente los platos volvían a repetirse.
Juan Carlos, el marido de doña María no estaba nunca desde que se levantaba se iba a la plaza a jugar ajedrez con sus amigos.
Juan Carlos-hijo regresaba por la tarde, vestía un traje azulado y zapatos marrones cuidadosamente lustrados. Al llegar a la casa se cambiaba los pantalones por unos bermudas a cuadros, y la camisa blanca por una camiseta de jersey. Y sustituía a los zapatos morrones por pantuflas color bordo.

Comía mientras miraba el televisor se escuchaba a todo volumen y se mezclaba con el sonido de la radio .Después Leía el diario.
Cada tanto se aparecía doña María desconociendo mi cara y preguntando ¿Ud. quién es? Caminaba arrastrando las pantuflas. Caminaba de mi puerta hasta el portón del garaje una y otras vez durante horas. En el bolsillo del batón floreado guardaba galletitas que comía de a poco, su cabello blanco y su caso tejido a mano color beige. El anillo del llavero lo llevaba en la mano derecha, precisamente en el dedo índice, el manojo de llave estaba sujeta entre su mano.
¿Quién es Ud.? Me preguntaba cada vez que yo volvía del súper o limpiaba el pasillo y me quedaba a escuchar la historia que ya sabia de memoria pero que me gustaba escuchar.
¡Yo, a la calle no voy! salgo por el patio a tomar un poco de aire. Mientras masticaba galletitas. Juan Carlos no fuma. Juan Carlos no toma. Juan Carlos trabaja, idolatrando a su único hijo cincuentón y soltero. Y esa era la única conversación que teníamos con sus 85 años y un Alzheimer avanzado. Solía acercarse al portón, abrir la ventana y asomando la cabeza para ver a la gente que pasaba por la vereda. A las 5 tomaba el té con tostadas y a veces las tostadas se quemaban un poquito, lo sé por el aroma que llegaba desde la cocina de ella hasta mi puerta de entrada.
A las 20.30 en punto de la noche Juan Carlos encendía la luz del patio y subía las escaleras que lo llevaran a su departamento en un primer piso. Metía las manos en el bolsillo y sacaba un manojo de llaves la puerta de chapa retumbaba al poner la llave en el agujero de la cerradura.

Al día siguiente la historia volvía a repetirse.

Dibujo de Isidoro Reta Duarte http://www.isidoroilustraciones.blogspot.com.ar/

miércoles, 10 de abril de 2013

Libro . Esto no es el fin del mundo...pero es un caos

El 17 de febrero se publico el adelanto de mi nuevo libro en el blog español



 SANDRA ÁVILA, LA NARRADORA DEL FIN DEL MUNDO


 
Estos relatos forman parte del siguiente libro de cuentos de Sandra Ávila (Buenos Aires, 1980) y que ha titulado “Esto no es el fin del mundo… pero es un caos”, y que vienen a ser una continuación de su anterior libro “Cuentos urbanos”. No hace falta que presentemos a Sandra Ávila, una de las artífices de “Libros, nocturnidad y alevosía”, pues los lectores de este blog la conocen bien por sus entrevistas, reportajes y cuentos que nos ofrece en estas páginas. Sandra tiene esa rara cualidad de dotar a sus relatos, episodios de una vida urbana en cambio o crisis, elijan ustedes, de una pátina de irrealidad, o para entendernos mejor, de lo que hace posible alejarnos del simple costumbrismo para adentrarnos en el terreno de la ficción. Sandra Ávila escribe escenas aparentemente inocuas, conocidas y, de pronto, surge algo inquietante que rompe el previsible desarrollo narrativo del relato. No es el suyo un realismo sucio ni limpio, ni tampoco mágico. Es la vida contada con una mirada incisiva que quiere ir más allá de la superficie para adentrarnos en otros misterios y preguntas. Sandra Ávila nos deja un poso de crueldad y amargura en sus relatos. Nada grave. Se puede curar fácilmente. Basta dejar de leerla, pero a mi, me gusta hacerlo. Porque además resulta divertida. A veces da en el blanco a la primera, otras, gira alrededor antes de centrarlo. Pero nunca nos deja indiferentes.


 LUÍS DE LEÓN BARGA


 Para leer el adelanto del libro hace Clic en el título


Imágen de esta entrada Isidoro Reta Duarte  http://www.isidoroilustraciones.blogspot.com.ar/

Reseña libro Cuentos Urbanos por Luz Marus

Una chica exquisita de campo en la gran urbe. Por Luz Marus. Sandra Raquel Ávila (Buenos Aires ,1980) Comenzó a escribir cuentos y poesías a mediados del'98. Sus primeros Cuentos Cortos encontraron una amplia audiencia gracias a la difusión en algunas Antologías de selecciones Nacionales. Desde entonces sus obras han sido leídas por muchos lectores. Ha publicado en Antologías de obras inéditas Latinoamericanas de habla Hispana. En 2010 se unió como colaboradora en un blog español de literatura: Libros, nocturnidad y alevosía en la que publico: La vida de Juana, 3 gatillos y un disparo, y Vidas contadas en la que el ilustrador Isidoro Reta Duarte ha realizado ilustraciones para acompañar Chica exquisita y El escape. Colabora en diversas revistas, blogs. Email :sandratextosavila@gmail.com CUENTOS URBANOS Es su primer libro de cuentos. Diseño de tapa: ISIDORO RETA DUARTE Y ALBERTO NAVARRO CUEVAS , 44 PÁGINAS. 

 Nunca hice una reseña de un libro de cuentos. Me parece algo muy difícil. ¿Cómo hacerlo sin contarles cuento por cuento el argumento? Es un problema que tengo, lo admito. El caso de Sandra Avila es particular. Quise reseñar su libro. En realidad quise reseñar su obra. Sandra es la muestra de la producción independiente. La voluntad frente a la industria. La pasión y el trabajo en contraste con la necesidad de brillar. Sandra escribe y arma de a poco su lugar en el ambiente literario. Hace pocos meses me preguntó por chat: “Luz, ¿cómo hago para publicar?” La pregunta me pareció tierna. Cómo si yo tuviese la llave perfecta para la publicación. Le pasé el contacto de un editor. Al poco tiempo veo en Facebook que está promocionando su libro “Cuentos urbanos” de manera artesanal, por encargo. Me pareció genial. Así se hacen las cosas, piba, pensé. No esperes que vengan a vos. Andá vos a ellos. Vení vos a todos nosotros. Un amigo le diseñó la tapa. Me mandó algunas para que la ayude a elegir. Yo había elegido otra, pero el libro es de ella y la tapa finalmente me gustó. Sandra vive en un pueblo. Me llamó la atención que su libro se llamase “Cuentos urbanos”. Comprendí que esa mirada lejana, curiosa, y con cierta inocencia que tiene Sandra sobre la urbe, es lo que le da el encanto al libro. La ciudad vista y contada desde el extrarradio de un pueblo. Una ciudad que ella imagina con más luces de las que tiene. Una urbe a la que viaja cada tanto y por eso es más hermosa que para los que la vemos todas las noches. No podría contarles cuento por cuento. Me parece que la mejor reseña que podría hacerles es dejarles la intriga de lo que esconden estos cuentos urbanos. Esta ciudad contada desde la periferia. Sandra, lejos de la contaminación urbana, nos enseña cómo se hace. ¿Querés ser escritor? Pues escribí. ¿Qué querés publicar en papel y no en digital, porque te gusta más el libro como objeto? Andate a una imprenta, armate unos ejemplares, diseñá la tapa con un amigo, vendelos por encargo, promocionalos por Facebook. Todo eso a los pocos meses de andar rondando a la pregunta: ¿Cómo llego a un editor? Mientras otros siguen rondando a esa misma pregunta y dejan pasar los meses y los años, Sandra Avila nos desayuna con su primer libro de relatos cortos. No puedo más que invitarlos a contactarla por Facebook o por mail y a encargarle un ejemplar. 

Acá les copio un párrafo del cuento “Parásitos.” 

“La mujer dejó el dosificador arriba de la mesada de mármol y se fue a la forrajearía, compró medio litro de kerosene. La mujer había regresado con el bidón, le colocó un trapo a la nena en los hombros, luego de cargar el combustible en el aparato empezó a rociarle con fuerza el producto a la niña en la cabeza. La cabeza de la niña se había impregnado de ese líquido rojo y aceitoso, la nena no había dicho nada. Por ahí se rascaba con el dedo índice detrás de la oreja, la nuca, le picaba por todos lados. La mujer vació el combustible en la cabeza de la piojosa y cuando terminó, el trapo que estaba en la espalda se lo ató fuerte con un nudo. Después de eso la mujer mandó a dormir a la nena. La niña tan obediente se metió en la cama, no pudo dormirse enseguida, sentía agujas en la cabeza que le pinchaban. Hasta que por fin la nena logró dormirse. La nena se había sentido sofocada, con ganar de vomitar. Después se durmió. Y eran tiempos de crisis, donde era imposible llegar a fin de mes. ¿Qué se le pasaba por la cabeza a esta mujer aparte de piojos re picando día y noche en la cabeza de ella, de su hija y del resto de la familia? Estaba desesperada.” “La mujer dejó el dosificador arriba de la mesada de mármol y se fue a la forrajearía, compró medio litro de kerosene. La mujer había regresado con el bidón, le colocó un trapo a la nena en los hombros, luego de cargar el combustible en el aparato empezó a rociarle con fuerza el producto a la niña en la cabeza. La cabeza de la niña se había impregnado de ese líquido rojo y aceitoso, la nena no había dicho nada. Por ahí se rascaba con el dedo índice detrás de la oreja, la nuca, le picaba por todos lados. La mujer vació el combustible en la cabeza de la piojosa y cuando terminó, el trapo que estaba en la espalda se lo ató fuerte con un nudo. Después de eso la mujer mandó a dormir a la nena. La niña tan obediente se metió en la cama, no pudo dormirse enseguida, sentía agujas en la cabeza que le pinchaban. Hasta que por fin la nena logró dormirse. La nena se había sentido sofocada, con ganar de vomitar. Después se durmió. Y eran tiempos de crisis, donde era imposible llegar a fin de mes. ¿Qué se le pasaba por la cabeza a esta mujer aparte de piojos re picando día y noche en la cabeza de ella, de su hija y del resto de la familia? Estaba desesperada.”



Imagen de Isidoro Reta Duarte http://www.isidoroilustraciones.blogspot.com.ar/