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viernes, 11 de octubre de 2013

9 meses que te fuiste de viaje.Sandra Ávila



    Abro la ventana dejo que el aire circule. Cambio las sabanas sucias por otras limpias, que bien huelen las sabanas secadas al sol, sin embargo tender la cama me parece algo inútil, como entrar en un círculo vicioso” tender la cama por la mañana, por la noche abrirla, meterse y dormir, por la mañana levantarse, tender la cama y por la noche desarmarla, abrirla como una puerta que te lleva a un patio, meterse adentro como si esta fuese un sobre y dormirse, y así todos los días de nuestras vida hasta que un día no despertamos más”. Junto todos los papeles con anotaciones sin importancia que están en el piso y en el mueble, son papeles viejos los hago un bollo para tirar. Me gustaría saber dónde van los sueños, cuando duermo, si hay alguien que se dedica a editar sueños. Ayer soñé con él, sé que fue un sueño donde lo recordé, un recuerdo convertido en sueño, todavía no creo que se fue, estoy en la etapa de la negación, supongo, pienso e imagino que está de viaje, que se fue a recorrer el mundo, ese mundo que nunca conoció. En ese sueño que tengo ambos somos chicos, lo único que nos preocupa es cazar ranas, preparar plomada y curar las alas de las garzas, esas blancas que pasan por casa todas las tardes para ir a beber agua por ahí cerca. Contaba una de mis tías que una tarde en que mi abuela dormía la siesta le pidió a él que espantase al gallo, y él le pego de tal forma que lo mató. Cuando mi abuela se dio cuenta le mando el gallo a mi mama. Cuando sueño con él pasamos caminando por la quema, huele a basura podrida; hay humo negro que contaminaba toda la zona, nosotros pasábamos por ahí para visitar a una de mis tías, creo que había otra opción para llegar al mismo destino, pero significaba cortar camino y perderse de todos los tesoros que tiraba la gente, muñecas sin brazos, peines, clavos oxidados, arandelas o tornillos. Lo recuerdo cuando usaba una camisa negra y tocaba un instrumento, lo recuerdo cuando ensayaban, no sé quien se habrá quedado con esas fotos. Ojala no se hayan arruinado cuando llovió aquella temporada y se estropearon todas las cosas del ropero viejo. Cuando estaba en tercer grado, dibujo un auto en mi cuaderno de clases, lo pinto y lo sombreo con el mismo lápiz negro, de fondo había una silueta de una ruta. Me acuerdo cuando tuve mi fiesta de quince y él bailo conmigo. No recuerdo haberle dicho cuanto lo quería, trato de imaginar un momento sublime y especial y en mi mente no está, nunca se lo dije, me pregunto si el sabia, éramos como hermanos, y nos queríamos mucho. Cuando trabajaba era yo quien picaba las verduras para prepararle su comida, lo esperaba y comíamos juntos. Me acuerdo cuando caminaba un par de cuadras a mi lado y me decía

   -¡Chuchi camina que yo te miro!!

     Yo no dudaba, caminaba sin parar hasta llegar a la escuela, ambos nos perdíamos en el pasto, yo llegaba a la escuela cada día sabiendo que él me estaba cuidando, como hasta ahora. 
Nunca quisiste decirles a los demás cuanto estabas sufriendo. Cuando te mandaba mensajes a tu teléfono me decías “me siento re bien” yo sabía que la enfermedad te estaba comiendo como un monstruo, sin embargo nunca te quejaste. Fuiste muy valiente y siento que al final te entregaste. No quiero llorarte porque sigo creyendo que te fuiste de viaje a esos lugares que nunca fuiste y que te hubiese gustado visitar. Cuando mi angustia se acerque sé que voy a llorarte y me sentiré mejor, guardo tus fotos con mis mejores tesoros. 

Sandra Ávila