Reseña libro Cuentos Urbanos por Luz Marus

Una chica exquisita de campo en la gran urbe. Por Luz Marus. Sandra Raquel Ávila (Buenos Aires ,1980) Comenzó a escribir cuentos y poesías a mediados del'98. Sus primeros Cuentos Cortos encontraron una amplia audiencia gracias a la difusión en algunas Antologías de selecciones Nacionales. Desde entonces sus obras han sido leídas por muchos lectores. Ha publicado en Antologías de obras inéditas Latinoamericanas de habla Hispana. En 2010 se unió como colaboradora en un blog español de literatura: Libros, nocturnidad y alevosía en la que publico: La vida de Juana, 3 gatillos y un disparo, y Vidas contadas en la que el ilustrador Isidoro Reta Duarte ha realizado ilustraciones para acompañar Chica exquisita y El escape. Colabora en diversas revistas, blogs. Email :sandratextosavila@gmail.com CUENTOS URBANOS Es su primer libro de cuentos. Diseño de tapa: ISIDORO RETA DUARTE Y ALBERTO NAVARRO CUEVAS , 44 PÁGINAS. 

 Nunca hice una reseña de un libro de cuentos. Me parece algo muy difícil. ¿Cómo hacerlo sin contarles cuento por cuento el argumento? Es un problema que tengo, lo admito. El caso de Sandra Avila es particular. Quise reseñar su libro. En realidad quise reseñar su obra. Sandra es la muestra de la producción independiente. La voluntad frente a la industria. La pasión y el trabajo en contraste con la necesidad de brillar. Sandra escribe y arma de a poco su lugar en el ambiente literario. Hace pocos meses me preguntó por chat: “Luz, ¿cómo hago para publicar?” La pregunta me pareció tierna. Cómo si yo tuviese la llave perfecta para la publicación. Le pasé el contacto de un editor. Al poco tiempo veo en Facebook que está promocionando su libro “Cuentos urbanos” de manera artesanal, por encargo. Me pareció genial. Así se hacen las cosas, piba, pensé. No esperes que vengan a vos. Andá vos a ellos. Vení vos a todos nosotros. Un amigo le diseñó la tapa. Me mandó algunas para que la ayude a elegir. Yo había elegido otra, pero el libro es de ella y la tapa finalmente me gustó. Sandra vive en un pueblo. Me llamó la atención que su libro se llamase “Cuentos urbanos”. Comprendí que esa mirada lejana, curiosa, y con cierta inocencia que tiene Sandra sobre la urbe, es lo que le da el encanto al libro. La ciudad vista y contada desde el extrarradio de un pueblo. Una ciudad que ella imagina con más luces de las que tiene. Una urbe a la que viaja cada tanto y por eso es más hermosa que para los que la vemos todas las noches. No podría contarles cuento por cuento. Me parece que la mejor reseña que podría hacerles es dejarles la intriga de lo que esconden estos cuentos urbanos. Esta ciudad contada desde la periferia. Sandra, lejos de la contaminación urbana, nos enseña cómo se hace. ¿Querés ser escritor? Pues escribí. ¿Qué querés publicar en papel y no en digital, porque te gusta más el libro como objeto? Andate a una imprenta, armate unos ejemplares, diseñá la tapa con un amigo, vendelos por encargo, promocionalos por Facebook. Todo eso a los pocos meses de andar rondando a la pregunta: ¿Cómo llego a un editor? Mientras otros siguen rondando a esa misma pregunta y dejan pasar los meses y los años, Sandra Avila nos desayuna con su primer libro de relatos cortos. No puedo más que invitarlos a contactarla por Facebook o por mail y a encargarle un ejemplar. 

Acá les copio un párrafo del cuento “Parásitos.” 

“La mujer dejó el dosificador arriba de la mesada de mármol y se fue a la forrajearía, compró medio litro de kerosene. La mujer había regresado con el bidón, le colocó un trapo a la nena en los hombros, luego de cargar el combustible en el aparato empezó a rociarle con fuerza el producto a la niña en la cabeza. La cabeza de la niña se había impregnado de ese líquido rojo y aceitoso, la nena no había dicho nada. Por ahí se rascaba con el dedo índice detrás de la oreja, la nuca, le picaba por todos lados. La mujer vació el combustible en la cabeza de la piojosa y cuando terminó, el trapo que estaba en la espalda se lo ató fuerte con un nudo. Después de eso la mujer mandó a dormir a la nena. La niña tan obediente se metió en la cama, no pudo dormirse enseguida, sentía agujas en la cabeza que le pinchaban. Hasta que por fin la nena logró dormirse. La nena se había sentido sofocada, con ganar de vomitar. Después se durmió. Y eran tiempos de crisis, donde era imposible llegar a fin de mes. ¿Qué se le pasaba por la cabeza a esta mujer aparte de piojos re picando día y noche en la cabeza de ella, de su hija y del resto de la familia? Estaba desesperada.” “La mujer dejó el dosificador arriba de la mesada de mármol y se fue a la forrajearía, compró medio litro de kerosene. La mujer había regresado con el bidón, le colocó un trapo a la nena en los hombros, luego de cargar el combustible en el aparato empezó a rociarle con fuerza el producto a la niña en la cabeza. La cabeza de la niña se había impregnado de ese líquido rojo y aceitoso, la nena no había dicho nada. Por ahí se rascaba con el dedo índice detrás de la oreja, la nuca, le picaba por todos lados. La mujer vació el combustible en la cabeza de la piojosa y cuando terminó, el trapo que estaba en la espalda se lo ató fuerte con un nudo. Después de eso la mujer mandó a dormir a la nena. La niña tan obediente se metió en la cama, no pudo dormirse enseguida, sentía agujas en la cabeza que le pinchaban. Hasta que por fin la nena logró dormirse. La nena se había sentido sofocada, con ganar de vomitar. Después se durmió. Y eran tiempos de crisis, donde era imposible llegar a fin de mes. ¿Qué se le pasaba por la cabeza a esta mujer aparte de piojos re picando día y noche en la cabeza de ella, de su hija y del resto de la familia? Estaba desesperada.”



Imagen de Isidoro Reta Duarte http://www.isidoroilustraciones.blogspot.com.ar/

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