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jueves, 12 de julio de 2012

El viejo crápula y la negra tetona

Le había prometido a mi esposa que abandonaría el juego y así pasaron más de siete semanas desde la última vez que pise el salón. Pero esa noche tenía mi mejor corazonada. Mi plan era jugar durante tres horas y retirarme. No me falló la intuición, pero al cumplirse el plazo llegó el viejo Duarte y me desafió. Hasta ese momento había duplicado mi apuesta, no debí llevarle el apunte... El problema fue que el jodido tenía una hembra infernal en el auto, y cuando le dije 'no juego más, hice una promesa', fue a buscarla con cara de misterioso. Ella sonreía y se le notaba un hueco en donde debió estar un diente, afeándola un poco. El viejo Duarte le repetía: "¡Vos no hables, cerrá la boca!". Sin embargo, tenía un gloriosa y privilegiada figura. Se adivinaba que era ardiente, y entonces le dije al vejestorio que seguiría jugando con la condición de llevarme a la "negra tetona" atrás, y él aceptó, aunque por un ratito no más. Recordé que en los fondos de aquella pocilga había un colchón en el suelo, donde solían tirar a los borrachos hasta aliviarse de su curda. La negra y yo la pasamos de lo lindo, calentona ella como una diosa, siempre me deseaba de todas las formas posible... Pero, finalmente, desperté desnudo y sin billetera, sin documentos, sin celular, sin un puto peso. Después el Rafa me dijo que había dormido toda la noche y la mañana siguiente. Estoy seguro de que el viejo crápula y esa negra de mierda me drogaron con el whisky barato que me invitaron. El tano me contó que fue varias veces a despertarme, pero no recuerdo nada. Me enteré de que tras mi desaparición el parcito ganó seguido, pelando a todo el mundo. Mi mujer supo, no sé cómo, que estaba allí. Entró corriendo y salió más rápido todavía. Cuando llegué a casa parte de mi ropa estaba en la vereda y otra poca en el canasto de residuos; numerosos giles aprovechaban de llevarse algunas prendas. Quise entrar a la casa, pero había trancado la puerta. Lo intenté por el garaje y me llevé una fea sorpresa: se había desquitado con el auto. La mucama fue a echarme, como si fuera un delincuente, mientras ella me gritaba: "¡No vuelvas a intentarlo, sorete, o llamó a la policía! ¡Desaparece de mi vida!, ¡olvídate de los chicos!". Ya en la calle, por una ventana, me tiró el resto de mi ropa.


Imágen de esta entrada: Isidoro Reta Duarte  http://www.isidoroilustraciones.blogspot.com.ar/



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