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Mostrando entradas de junio, 2018

Otoño allí afuera Sandra Ávila

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Aguardá la noche esta fría
no dejes tus voces en este espacio
la huella en el asa, las gotas de agua en el espejo




























y aún así no estás, la casa es demasiado grande
el aroma se disuelve muy rápido
este espacio se vuelve infinito
y el cuerpo frío
el otoño allí afuera
y aquí todo es asfixiante
el cielo gris
los hipócritas ríen de mi destino
gozan y se revuelcan en el dolor que no les pertenece y le es ajeno
yo intento tapar el sol con un dedo y todo es inútil
los momentos majestuosos se cuelan como las moscas en un cacho de carne podrida
no hay momentos para rememorar, todas fueron fantasías y productos de mi propio engaño
la vida no es eso, te dicen haciéndote creer que ellos saben vivir la vida como se debe

y yo una vez más intento que mis monstruos devoren todo aquello que me perturba pero no hay, no existe un Dios para mí
una agenda colmada de citas y nadie quiere llamar para cancelar




Simplicidad. Sandra Ávila

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Sobre la mesa: un cargador de teléfono, una calculadora rota una cuchara con resto de crema chantilly las migas de unas tostadas un cenicero cachado, un cuchillo con manteca un repasador mojado un catálogo de productos de una empresa extranjera una lapicera sin tinta en la mesada: una linterna, otro cable para cargar celular dos botellas de tomate triturado un frasco de vidrio con yerba zanahorias a la espera de algún conejo un pote de helado repleto de cubiertos recién lavados sal fina mojada una tostadora un molinete de frascos para condimentos vacíos un encendedor y a pesar de todo esto… mi amor y mi esencia intactas, ya remendadas, a la espera de una próxima                                                                                                                                                 rotura el mundo sigue girando


Lejos. Sandra Ávila

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Viví muchos momentos en los que me pregunte una y otras vez las mismas preguntas,




 y por mucho tiempo no tuve respuestas,




 el tiempo siguió su curso




y las respuestas fueron cayendo una a una




 y las respuesta que alguna vez




había necesitado simplemente se respondieron solas…





   ahora comprendo los acertijos de la VIDA,




 que en todos las cosas nada es fácil,




que con todo se paga un precio