viernes, 10 de enero de 2014

CONVOCATORIA. FOTOS DE BAÚL. DONDE LOS CANTINEROS SE RÍEN DE LAS DESGRACIAS AJENAS POR RATA CARMELITO





Esa noche dormí en un hotel. En realidad, dormir, lo que se dice dormir, no es la exacta definición de lo sucedido esa noche. Recuerdo un casino, un bar, enormes nubes de humo de habanos sobre una mesa de pool, un chico pidiendo monedas a la entrada de un cabaret, el valet estacionando coches; recuerdo hermosas mujeres bailando con poca ropa en el Tropicana, recuerdo sus exactas coreografías, recuerdo sus piernas como gacelas, recuerdo sus pechos ardientes como volcanes, la recuerdo a ella invitándome de su copa, invitándome a mi cama, pero no recuerdo en absoluto haber dormido. Recuerdo su nombre. Al principio, como todo hombre adentrándose en tugurios oscuros, precipitándose en la fantasía de perderse en la noche, de desaparecer, de ser un desconocido, un anónimo, bien cobijado por el vino y los licores, fui ni más ni menos un grosero. Derroché dinero, derramé whisky sobre las mesas, me peleé con fulanos, me sacaron a patadas. Claro que antes había sido todo un caballero. Ella lo merecía. No era ese el lugar en el que tenía que estar. Rodeada de sapos gordos, de hienas carroñeras, de babosos, de malparidos. Ella se destacaba del resto de las mujeres. Un aura de inocencia infantil la coronaba, ¿sería eso lo que la hacía tan pura, tan perversa? Primero se apagaron las luces, luego subió al escenario, luego bailó “Lupita” de Dámaso Pérez Prado, luego se quitó las plumas, luego se acercó a mi mesa, me sedujo, me enamoró, me asesinó con un beso. Se comió literalmente mi corazón. No pude esperar a seguir invenenándome. La senté en mi regazo, le dije cosas al oído, la mimé, propuse vidas diferentes donde ella no tuviera que bailar cada noche, mentí mis ingresos pintándole un magnate en vez de un don nadie; abracé un romance utópico, celestial, llevarla lejos, comprar una casa, tener hijos, envejecer. Ella rió, como imagino deben reír las mujeres al borde del abismo, una risa muda entre tanto bochinche demencial, entre tanta palabrería. Luego lo vulgar, lo grotesco. Entre las sombras alguien rompió una botella, insultó su nombre, perjuró traición al amor, masticó celos embravecidos y se acercó amenazante. Uno terminó con un corte en la cara, sangre mezclada con vino rojo en la camisa; el otro terminó en la calle por no ser un asiduo de la casa. Mi hotel estaba a dos o tres calles, pero si debía caminar hacia la izquierda o hacia la derecha, era un trabajo demasiado azaroso para mi condición de borracho y de enamorado. ¿De qué estarán echas las trapisondas? De noches y de alcohol, seguro; de mujeres perdidas y de hombres buscando encontrarse, también. O tal vez solo de hombres y mujeres buscando un lugar donde dormir, una compañía para su soledad. Ella salió a buscarme. Se notaba que bajo ese tapado de piel berreta, de imitación, estaba vestida sólo con un portaligas. No tardé en besarla y como si fuera un lapsus de inspiración, una quimera, empezamos a transitar el camino hacia el hotel, sin la menor duda de que era hacia la izquierda del cabaret, pasando el restaurant de luces verdes, en el barrio de casas bajas adornado por la falsa Fuente de Saint-Michel, como en Paris, excepto por los borrachos durmiendo en ella en vez de bohemios y poetas hablando de Sartre, de Gaston Leroux y “nuestras vidas son un baile de máscaras”, hablando de la muerte, del precio de los hombres, de la libertad. Mi habitación no era ejemplar, pero entre libros y botellas hallamos un lugar para acariciarnos, para destruir el pasado, para quemarnos. 

Esa noche tuve la breve esperanza de que el amor sería total, feroz; pero a la vez sentía correr en el aire la desidia de saberme dejado para siempre. Nunca dijo nada, ni siquiera en la mañana siguiente. Dijo que debía irse, que tenía un compromiso. Me pidió que no la acompañara, acepté a regañadientes. Tomó un taxi y no dudé en seguirla.

Primero a casa de una amiga. Salieron muy aprisa con una maleta. Se dirigieron a un hotel lujosísimo en la Avenida Paseo del Prado, “siga a ese auto no importa a donde vaya, si es al fin del mundo al fin del mundo nos vamos” dije al chofer, o tal vez solo lo pensé, no lo sé. Esperé dentro del auto, una hora, dos horas, una locura, dos locuras. Un auto se detuvo al lado de mi taxi. Un hombre de pequeños bigotes y elegante traje salió de él. Miró el reloj un par de veces y finalmente la puerta del hotel se abrió. Llevaba un vestido de novia, guantes, flores y la misma sonrisa que esbozó en el cabaret. El hombre la recibió con un beso. Antes de que subieran al auto, bajé del taxi. Su amiga les estaba tomando una foto. “Tenga cuidado de que no salga fuera de foco” dije, me puse mi sombrero y la mañana a sus ocho y cuarto me recibió en otro bar, temprano, sí, pero tarde para todo.


Rata Carmelito , escritor y poeta. Chivilcoy




CONVOCATORIA. FOTOS DE BAÚL. FAMILIA FELIZ POR ISABEL PISANI





                  
Ella era dulce y serena; él, apuesto y un hombre de bien. Yo nunca había visto a mi hijo. Lo había abandonado en el orfanato .Y él un día apareció. Me dijo que lo sabía todo, que sus averiguaciones lo habían llevado muy lejos. Fulvio Cavalieri era su padre y yo, su madre. Ahora venía a recuperarme con su perdón y amistad… 

Después de dos meses venció mis resistencias de mujer pudorosa. Y me sentí feliz de que aquella falta tan escandalosa para mi época fuese saldada con una simple palabra. Mi hermano, un solterón empedernido, al principio, no entendía; sin embargo no me juzgó, silenció su estupor y no se habló más. Como la suerte tiene sus vaivenes, la pequeña Susy enfermó y él vino a visitarme con su esposa: una morocha muy bonita. Me dijo que la niña debía ser operada en Francia y que no tenían con qué. Yo no disponía de dinero para ello. Llamé a Fulvio para que lo ayudara, accedió y me pidió reservas: su mujer nunca debería saberlo. Pero no era suficiente y entonces decidí vender mi pequeño departamento. Lo hice y me sentí doblemente satisfecha, por mi nieta y por mi desgraciado hijo. Arreglaron los pasaportes, pasajes y trámites hospitalarios. Cada día era un escalón hacia la dicha…Me regalaron su foto de casamiento y varias de la rubia Susy cuando fui a visitarlos a su casa, allá por Haedo. También me dejaron las llaves para que regara el jardín y alimentara al perro salchicha durante su ausencia. Salieron un viernes al atardecer y… no regresaron. Nunca pude entrar en aquella casa, me llevaron presa cuando me encontraron frente a la puerta, con el llavero en la mano. Tuve que hacer los descargos pertinentes en la comisaría y mi abogado descubrió que mi bebé había muerto a los tres años. Además, Fulvio había abandonado a su esposa y ahora residía en París.


Isabel Pisani, docente.Buenos Aires 


           


CONVOCATORIA. FOTOS DE BAÚL.VIDITA CHANCAY POR ALBERTO RIGAMONTI


                                                                "A Norma Jean"



Desde el momento del parto tuvo una estrecha relación con la muerte. Se le había enrollado el cordón umbilical en el cuello y apareció a la vida moribunda, casi asfixiada. La comadrona dijo que se había salvado de milagro, y la madre supo enseguida que el nombre de la niña sobreviviente debía ser Vida, y llevaría su apellido de soltera, Chancay. El padre, un marinero alemán que había acertado a recalar unos días en el puerto de Ilo, nunca se enteró de que había engendrado una criatura. A los quince años se fue de su casa, huyendo de la pobreza. Se escapó con el volatinero del Circo Hermanos Lovandi, un flaco moreno y correoso diez años mayor que ella, que a los treinta días murió desnucado a causa de una mala caída. Ella siguió con el circo hasta que llegaron a Lima. Allí conoció, en el sentido bíblico, a un locutor de la incipiente televisión de Perú, por cuyos buenos oficios consiguió unos trabajitos como extra en la telenovela La Bodega de la Esquina. No pudo progresar en su carrera televisiva, por los celos furibundos y trágicos que provocó en la primera actriz, cuando la descubrió con su amante, el productor ejecutivo, en situación más que comprometida. El hombre, un gordo entrado en años, resultó muerto en el acto por tres tiros en el pecho, y ella alcanzó a escapar por la ventana, desnuda y con un balazo en la oreja, la que cubriría, el resto de su vida, con su espesa cabellera rubia. Luego sobrevienen algunos años oscuros, en los que se le pierde el rastro. Hay quien dice que intervino en algunas películas desafortunadas de clase B, y otros que aseguran su participación muy activa en orgías desenfrenadas y en gran cantidad de producciones pornográficas. Se dice que en una de ellas, su compañero ocasional habría fallecido en sus brazos, víctima de una complicación en un ataque de priapismo. Lo cierto es que un día sus atribulados pasos la condujeron hacia la ciudad de Dallas, en los Estados Unidos, junto a un ignoto camarógrafo, al que abandonó a poco de llegar. Exigencias de una empresa productora de fotonovelas la obligaron a cambiar su nombre por otro artístico, y los avatares de su vida la inspiraron para elegir el de Angie Lamorte, el ángel de la muerte, bastante atinado por cierto. A las dos de la tarde del 22 de noviembre de 1963, el encargado del motel de cuarta categoría en que se hospedaba abrió la puerta de la habitación con su llave maestra, a requerimiento de los huéspedes vecinos que se quejaban del olor nauseabundo. Angie Lamorte, o Vidita Chancay, yacía de costado, totalmente desnuda, sobre las sábanas revueltas. Su mano izquierda descansaba sobre un vaso de whisky tumbado en el piso. Sobre la mesa de luz un velador encendido iluminaba algunas tabletas de somníferos y el teléfono descolgado. El Dallas Morning, al otro día, informaba apenas en tres líneas, perdidas entre las crónicas policiales, la muerte, por aparente suicidio, de una indocumentada peruana. El resto del periódico estaba ocupado por el asesinato del presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, al que le habían incrustado una bala en el cerebro mientras se desplazaba junto a su esposa, en la limusina presidencial, frente a la Plaza Dealey.


Alberto Rigamonti es artista plástico, escritor de Las Flores. Vive en Dolores, prov. de Buenos Aires

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CONVOCATORIA. FOTOS DE BAÚL. BETTY Y LOLA POR SANDRA ÁVILA

Esa foto fue un 3 de mayo de 1952. Betty así se llamaba o por lo menos así se hacía llamar,  la diva de piernas largas y cabellera rubia, fueron pocas las veces que la vi, lo cual nunca supe de donde venía y si Betty era su verdadero nombre. Tenía un delicado acento afrancesado por lo poco que la escuché. Era tímida, estaba muy rígida. Supe después que en repetidas oportunidades ella había estado preguntando por mí, y quien la atendió en sucesivas veces no quiso informarle que yo me encontraba en el estudio trabajando. 
Claro que me enteré de todo ésto cuando no supe más nada de ella. Yo en ese entonces hacia fotos y pequeños castings para seleccionar caras bonitas para varias  productoras de Cine Independientes. Recuerdo ese día como si hubiese sido ayer. Esa foto fue captura en 8 de septiembre en Perú. La vedette traía un traje azul muy señorial, y le sugerí que pasara al vestuario y con la ayuda de Ana, mi asistente, se cambiase de vestuario apropiado para  la sesión fotográfica. Le ofrecí café a esta señorita, la noté algo nerviosa, me pregunto si tenía cigarrillos, no conversamos mucho, solo lo necesario. Poseía una voz temblorosa pero supe que necesitaba un trabajo. 

El día que vino a retirar las fotos, me comentó que tenía una amiga cantante y que ésta estaba necesitando hacer unas fotos para propaganda para promocionar una pequeña gira aquí en Perú. Fue entonces que me ofrecí para que ambas me visitaran en el estudio para hacer un par de fotos. Antes de irse solo me dijo que  el nombre de su amiga era Lola.
 






  "Mi Lola Por Sandra Ávila"

14 de mayo de 1952, Perú.


    Betty apareció  alrededor de las dos de la tarde, aquel día estuvo frío. Ella vestía el mismo traje azulado, esta vez estaba más suelta. Menos tímida, menos rígida. Vine con mi amiga, la cantante

-¿Dónde está que no la veo? le dije. 

Conocí a Lola, y al verla supe que tenía algo especial en esos ojos negros para mí. Durante la sesión de fotos ambas reían, eran dos cascabeles, dos bellas rosas desprendiendo su perfume. Lola muy suelta, muy seguro de sí misma me contó sobre sus presentaciones en   la ciudad y alrededores. Lola estaba ansiosa por ver las fotos terminadas, quería estar presente en el momento del revelado, la invité hacerlo juntos. Entramos al cuarto oscuro quinces días más tarde, nunca había vivido una experiencia similar, decía que era como hacer magia.

Con Betty y Lola habíamos entablado una buena amistad. Al poco tiempo supe que Betty fue elegida por su gran belleza y delicadeza. Betty solía enviarme cartas a mediados de año entre otras eventualidades. En menos de  un año se radicó en México donde grabó algunas películas de aquella época, supe también por algunas cartas que recibí  que había hecho una pequeña escala artística por Buenos Aires donde conocía a un empresario americano. Su última carta contaba que había contraído matrimonio y que vivían en México, que su carrera artística iba de maravilla y dividía su tiempo entre sets de filmaciones y su esposo Louis.


 A principios de  noviembre 1954, recibimos la triste noticia de que ella y su esposo habían sufrido un grave accidente, en una peligrosa carretera de su país. Lola se aferró mucho cuando se entero de lo sucedido. Su amiga había logrado cumplir sus sueños y ella se sentía muy afligida por su pérdida.  “Me consuela un poco saber que me estaba feliz”, decía Lola.


A finales del año 1952 Lola ocupo el lugar de Ana, mi asistente, quien había ayudado con el vestuario a su queridísima amiga, esa tarde que llegó a mi sesión de fotos. Poco tiempo después que falleció Betty, Lola y yo nos formalizamos nuestra relación. Yo siempre supe que ella sería alguien especial en mi vida, ella tocó mi corazón hasta el fondo.  Así que ella y yo trabajábamos juntos en el estudio de fotografía y cuando ella tenía temporada de gira y shows yo la acompañaba. 


Estuvimos dos meses en Buenos Aires y conocimos muchas  personas que habían tenido un paso importante por la vida de  Betty. 

En mayo de 1956, tras haber explotado su don heredado por dios todopoderoso, su bella voz como encantadora de sirenas en sus shows, decidimos coronar nuestra sublime ternura llamando a la cigüeña, y tomarnos un breve descanso. Así fue cuatro meses más tarde “Mi Lola acariciaba un vientre esplendoroso futuro a nacer en junio de 1957”. Tristemente en el segundo trimestre de embarazo mi reina contrajo sarampión. Hubo una importante epidemia y tuvo un aborto espontaneo. Fue un horroroso río de sangre y un llanto desgarrador, ese hecho fue angustioso y fuerte para nuestras vidas. 

Después de tantas tragedias golpeando nuestra existencia Lola recuperó sus fuerzas y quedó embarazada, esta vez el cielo bendijo el anhelo y se hizo la voluntad. No podía ser posible semejante desdicha, tanta crueldad. ¿Por qué dios pondría a prueba nuestra fe? ¿Por qué los demonios se presentarían justo en el instante de plenitud y gloria? ...Ese embarazo fue una gota de agua dulce en un profundo mar. 


Al nacer dos bebes idénticos a mi Lola “Beatriz como la entrañable Betty y Guillermo, como yo su padre”. Ella dedicaba su amor y su tiempo a mí y a esas hermosas criaturas, cuando los niños dormían ella gustosamente trabajaba conmigo en el estudio, siempre recordaba a su amiga y decía que se parecía a Olga Zubarry. 


Ellos fueron mi sol, mis ganas de vivir. “Siempre supe que ella sería alguien especial en mi vida, ella fue la única mujer quien me completo como hombre, como ser, siempre tuve presente en mi mente que si ella algún día se apartaba de mi vida jamás encontraría una igual que me llenara tan biológicamente como lo hacia ella”. 


Recuerdo que una vez le pregunté a mi madre ¿Cómo era el amor ¿cómo sabré si me enamoro ? ella respondió 


- “Te darás cuenta qué es amor porque otras mujeres no te han hecho sentir el deleite de la vida y el abismo, el amor y la muerte el miedo y el coraje”. Ahí supe que ella era todo aquello que decía mi madre, en pocas palabras y no podía o no se atrevía a manifestar con frases.

Sandra Ávila, escritora periodista de Ranchos provincia. de Buenos Aires  







miércoles, 11 de diciembre de 2013

SANDRA ÁVILA EN EL DIARIO "AQUÍ RANCHOS"







Recorte de DIARIO que me regalaron ayer en el supermercado "AQUÍ RANCHOS" publicado el 21 de noviembre de 2013 

CONVOCATORIA FOTOS DE BAÚL.


Mi madre murió el 1 de julio de 2013 pero hacía tiempo que se había ido. Había decidido no hablar más-sólo lo estrictamente necesario- desde hacía varios años. Así que el día que se fue del todo, no fue sino una retirada de cuerpo entero, porque su espíritu se había retirado hacía rato.
Lo único que dejó como testimonio de su vida en Lima fue una caja con fotos en blanco y negro. Algunas pocas escritas por ella a mano alzada, donde quedaron rastros de cartas a medio escribir, alguna que otra fecha y el lugar donde fueron tomadas. Pero la mayoría son mudas, tan solo imágenes que nos invitan a imaginar infinitas historias posibles porque no hay palabras que encajonen su sentido.
Así es como surge esta convocatoria espontánea a la que, gentilmente, se sumó esta querida amiga escritora Sandra Avila y a la que confiamos otros escritores también lo hagan.
Juguemos a inventar porque estas imágenes, hasta ahora mudas, están esperando a que alguien cuente sus historias.

Verónica Meo Laos (Periodista, escritora)


QUIENES QUIERAN PARTICIPAN DEBEN ENVIAR SU TEXTO A VERÓNICA MEO LAOS 

SU MAIL ES: meolaosv@yahoo.com.ar




    

                         


  





                       

                                                                 
                                                              
                                  




                                   


                                                             





FOTOGRAFÍAS: DE VERÓNICA MEO LAOS


miércoles, 6 de noviembre de 2013

Premios Guka 2013 -MULTIMEDIO DIGITAL


Les dejó link del diario MULTIMEDIO DIGITAL

http://www.multimediodigital.com/?p=26613

CUENTOS URBANOS. ENTREVISTA A SANDRA ÁVILA

LA ESCRITORA Y PERIODISTA VERONICA MEO LAOS , ME ENTREVISTO PARA EL DIARIO

LA CAPITAL DE MAR DEL PLATA

Aquí les dejó el enlace. http://www.luisbarga.net/2013/05/libros-cuentos-urbanos-sandra-avila-la.html



viernes, 11 de octubre de 2013

9 meses que te fuiste de viaje.Sandra Ávila



    Abro la ventana dejo que el aire circule. Cambio las sabanas sucias por otras limpias, que bien huelen las sabanas secadas al sol, sin embargo tender la cama me parece algo inútil, como entrar en un círculo vicioso” tender la cama por la mañana, por la noche abrirla, meterse y dormir, por la mañana levantarse, tender la cama y por la noche desarmarla, abrirla como una puerta que te lleva a un patio, meterse adentro como si esta fuese un sobre y dormirse, y así todos los días de nuestras vida hasta que un día no despertamos más”. Junto todos los papeles con anotaciones sin importancia que están en el piso y en el mueble, son papeles viejos los hago un bollo para tirar. Me gustaría saber dónde van los sueños, cuando duermo, si hay alguien que se dedica a editar sueños. Ayer soñé con él, sé que fue un sueño donde lo recordé, un recuerdo convertido en sueño, todavía no creo que se fue, estoy en la etapa de la negación, supongo, pienso e imagino que está de viaje, que se fue a recorrer el mundo, ese mundo que nunca conoció. En ese sueño que tengo ambos somos chicos, lo único que nos preocupa es cazar ranas, preparar plomada y curar las alas de las garzas, esas blancas que pasan por casa todas las tardes para ir a beber agua por ahí cerca. Contaba una de mis tías que una tarde en que mi abuela dormía la siesta le pidió a él que espantase al gallo, y él le pego de tal forma que lo mató. Cuando mi abuela se dio cuenta le mando el gallo a mi mama. Cuando sueño con él pasamos caminando por la quema, huele a basura podrida; hay humo negro que contaminaba toda la zona, nosotros pasábamos por ahí para visitar a una de mis tías, creo que había otra opción para llegar al mismo destino, pero significaba cortar camino y perderse de todos los tesoros que tiraba la gente, muñecas sin brazos, peines, clavos oxidados, arandelas o tornillos. Lo recuerdo cuando usaba una camisa negra y tocaba un instrumento, lo recuerdo cuando ensayaban, no sé quien se habrá quedado con esas fotos. Ojala no se hayan arruinado cuando llovió aquella temporada y se estropearon todas las cosas del ropero viejo. Cuando estaba en tercer grado, dibujo un auto en mi cuaderno de clases, lo pinto y lo sombreo con el mismo lápiz negro, de fondo había una silueta de una ruta. Me acuerdo cuando tuve mi fiesta de quince y él bailo conmigo. No recuerdo haberle dicho cuanto lo quería, trato de imaginar un momento sublime y especial y en mi mente no está, nunca se lo dije, me pregunto si el sabia, éramos como hermanos, y nos queríamos mucho. Cuando trabajaba era yo quien picaba las verduras para prepararle su comida, lo esperaba y comíamos juntos. Me acuerdo cuando caminaba un par de cuadras a mi lado y me decía

   -¡Chuchi camina que yo te miro!!

     Yo no dudaba, caminaba sin parar hasta llegar a la escuela, ambos nos perdíamos en el pasto, yo llegaba a la escuela cada día sabiendo que él me estaba cuidando, como hasta ahora. 
Nunca quisiste decirles a los demás cuanto estabas sufriendo. Cuando te mandaba mensajes a tu teléfono me decías “me siento re bien” yo sabía que la enfermedad te estaba comiendo como un monstruo, sin embargo nunca te quejaste. Fuiste muy valiente y siento que al final te entregaste. No quiero llorarte porque sigo creyendo que te fuiste de viaje a esos lugares que nunca fuiste y que te hubiese gustado visitar. Cuando mi angustia se acerque sé que voy a llorarte y me sentiré mejor, guardo tus fotos con mis mejores tesoros. 

Sandra Ávila

lunes, 30 de septiembre de 2013

DIARIOS PLATENSES 1Pte-SANDRA ÁVILA

El tiempo es oro, dicen por ahí, no sé quién invento esa frase tan famosa, pero he comprobado que es cierto. No me sobra el tiempo, pero trato de hacer miles de cosas durante el día, entre ellas escribir o empezar a escribir algo que valga la pena y en los siguientes días corrijo (a veces no) En tiempo libre también leo todo lo que puedo, últimamente he podido comprar muchos libros que me gustan. Llevo un libro en mi cartera, en vez   de y ver el mismo paisaje aburrido de siempre, elijo leer “Diarios Platenses”, el blog que escribe Juan Manuel Candal que me arme de libro, y va por el post número 32. Este libro, mi libro, y soy la única que lo tiene es de 144 páginas de entretenidísima lectura. 54.283 palabras. Leí del Sr. D, y la explicación de las películas de los 80' Vs. 90. Sobre esa afinidad que existe entre él y su amigo R.S y P.D. Haré un resumen tipo comentario largo de "Diarios Plantenses” voy parte por parte- me gustó mucho donde se lee que sus viejos lo dejaron solo y se fueron de vacaciones, y el dinero que le dejaron para comida uso el 90% de ese dinero para comprar una guitarra, lo cual significo "sacrificar" una de las funciones más primarias que tenemos los seres humanos: "el estómago" 



Candal es muy divertido al escribir su diario, el paso del tiempo no altero sus recuerdos, sus amores, sus cosas, sus anécdotas de vida que quizás hoy cuenta con risas, y no sé si lo vio de esa misma manera en el momento que sucedió. Cuando te roba los Cd’s para regalar a sus amigos, qué adrenalina le generaba hacerlo. ¡Qué loco!

 

Cuando volvía en colectivo de Chascomús a mi casa, el conductor nos dejó la luz encendida entonces saqué mi libro del bolso y me puse a leer, el señor que se sentó a mi lado se hacia el disimulado y me espía el libro. Leía mi libro de reojos, me di cuenta todo el tiempo, pero lo dejé...lo mataba la curiosidad, qué chusma es la gente dios, yo me dije: “un poco de alegría no le hace mal a nadie" se hacia el que se balanceaba a mí lado por los pozos de la ruta 20 y me leía, me leía ¿eso no es genial? Sí, claro esto que me estaba pasando era positivo, ¡en mi casa no había ni un puto libro! Tenía un vecino que cada tanto tiraba libros y las colecciones completas de los diarios que compraba, y ahí iba yo corriendo a juntarlos antes de que iniciara la gran fogata. Este señor que asiduamente se deshacía de cosas por lo visto, hacia limpieza y tiraba todo “nos sé que pensaba” tampoco sé si sabía que la profanadora de su basura era yo, él vivía atrás de mi casa, en esa época no nos vivida ningún paredón y ningún alambrado. Me da risa saber que este hombre se metía adentro de la casa para buscar los fósforos y algún líquido inflamable y cuando volvía encontraba menos libros que los que había dejado ¿sabría él que era yo? La verdad que no lo sé. El ya falleció. Recuerdo que entre las cosas que leí había historias mitológicas y llovían peces, esas cosas me fascinaban y venía muy bien acompañado de dibujos que me volaban la cabeza. El alimentaba mis ganas de leer, nunca lo supo. Mis hermanos y mis primos me acuerdo que corrían a saludarlo cada vez que vivía de su trabajo porque cada tarde traía pebetes de jamón y queso y medialunas de manteca. Me pregunto que habrán hecho con todo eso que quedo en mi casa. Voy a tener que interrogar a toda la familia, ahora mismo.

La lectura en mi infancia siempre había sido un buen escape. Amo las bibliotecas, la magia que hay en ellas, estoy armando la mía, sé que será una gratificante herencia para mis hijas algún día. Al igual que los libros de este autor.

Continuará...


jueves, 15 de agosto de 2013

Relato.Espiral -SANDRA ÁVILA

Los trabajos de los talleres Entre y Comillas.Este relato se publico en SADE seccional Chascomús -Click en título para ver la publicación en Sade-






La casa estaba entre un garaje y un departamento. Una casa grande de estructura fija de cimientos duros. Paredes gruesas, techos altos. Desde el living se escuchaba el sonido de una radio siempre puesta en el mismo dial.

Por una cabeza/todas las locuras./Su boca que besa,/borra la tristeza,/calma la amargura/


Por una cabeza,/si ella me olvida qué importa perderme mil veces la vida,/para qué vivir.

Sonaba desde las 5 de la mañana

Si no fuera por la radio todo seria un triste silencio. Cada día la casa habitaba un aroma a sopa y recuerdo que siempre era la misma sopa, el aroma a puerros, apio, acelga, verduritas verdes salía por la ventana y llegaba hasta el departamento en que yo estaba. Los martes había pescado frito con puré. Los miércoles tarta de zapallitos, los jueves era carne al horno. Cuando colgaba la ropa en mi terraza el caño que salía del spar daba justo ahí terraza y se sentía el olor al adobe que embadurnaba la carne. Y los viernes pollo, era una rutina exacta, como una norma que no podía dejar de cumplirse. Y al día siguiente los platos volvían a repetirse.
Juan Carlos, el marido de doña María no estaba nunca desde que se levantaba se iba a la plaza a jugar ajedrez con sus amigos.
Juan Carlos-hijo regresaba por la tarde, vestía un traje azulado y zapatos marrones cuidadosamente lustrados. Al llegar a la casa se cambiaba los pantalones por unos bermudas a cuadros, y la camisa blanca por una camiseta de jersey. Y sustituía a los zapatos morrones por pantuflas color bordo.

Comía mientras miraba el televisor se escuchaba a todo volumen y se mezclaba con el sonido de la radio .Después Leía el diario.
Cada tanto se aparecía doña María desconociendo mi cara y preguntando ¿Ud. quién es? Caminaba arrastrando las pantuflas. Caminaba de mi puerta hasta el portón del garaje una y otras vez durante horas. En el bolsillo del batón floreado guardaba galletitas que comía de a poco, su cabello blanco y su caso tejido a mano color beige. El anillo del llavero lo llevaba en la mano derecha, precisamente en el dedo índice, el manojo de llave estaba sujeta entre su mano.
¿Quién es Ud.? Me preguntaba cada vez que yo volvía del súper o limpiaba el pasillo y me quedaba a escuchar la historia que ya sabia de memoria pero que me gustaba escuchar.
¡Yo, a la calle no voy! salgo por el patio a tomar un poco de aire. Mientras masticaba galletitas. Juan Carlos no fuma. Juan Carlos no toma. Juan Carlos trabaja, idolatrando a su único hijo cincuentón y soltero. Y esa era la única conversación que teníamos con sus 85 años y un Alzheimer avanzado. Solía acercarse al portón, abrir la ventana y asomando la cabeza para ver a la gente que pasaba por la vereda. A las 5 tomaba el té con tostadas y a veces las tostadas se quemaban un poquito, lo sé por el aroma que llegaba desde la cocina de ella hasta mi puerta de entrada.
A las 20.30 en punto de la noche Juan Carlos encendía la luz del patio y subía las escaleras que lo llevaran a su departamento en un primer piso. Metía las manos en el bolsillo y sacaba un manojo de llaves la puerta de chapa retumbaba al poner la llave en el agujero de la cerradura.

Al día siguiente la historia volvía a repetirse.

Dibujo de Isidoro Reta Duarte http://www.isidoroilustraciones.blogspot.com.ar/

Un cuento policial inédito en "Y la muerte me susurró al oído. Vol. II"

Este volumen 2 trae 9 autores contemporáneos y también me sume como escritora, es emocionante ver mi cuento en este libro.