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miércoles, 3 de agosto de 2011

Relato.Paula.



Paula subió al colectivo, metió la mano el bolsillo trasero para agarrar un par de monedas, sacó boleto y viajó parada. La línea del 620 estaba lleno de pasajeros. Paula llevaba unos jeans oscuros, una camiseta blanca, y unas Converse rojas. El pelo, un rodete desprolijo, una mochila con cosas que llevan siempre las chicas, cosas por las dudas. A medida que el colectivo atravesaba los barrios de La Matanza se hacía cada vez más de noche. Paula consiguió sentarse a mitad de viaje. Puntualmente en la tercera fila.
Más tarde, se sentó en el último asiento de atrás. El chofer con su camisa celeste, el corte de pelo corto arriba y largo hacia ella nuca. Era fornido, alto, de tez morena, este fumaba. El asiento del conductor: Crichi -crichi -crichi cada vez que agarraba una calle paseada, se escuchaba la silla el ruidoso incomodo que balanceaba el cuerpo del chofer de un lado a otro. Las últimas cuadras del recorrido eran bordeado la Gral. Paz, una boca de lobo. En la parada anterior todos bajaron. Paula sintió taquicardia al saber que solo viajaba ella en el asiento de atras. El conductor la miraba por el espejo, ella miraba de reojos para otro lado. De repente antes de llegar a la terminal el conductor detuvo el motor del colectivo. Paula se sujetaba de la mochila que tenia arriba de sus piernas. El chofer se levanto, apagó la radio.Se dirigía hacia ella. Ella estaba aterrada, se paro.
-Me bajo aquí abrí-
El tipo la miraba con una sonrisa de galán y degenerado al mismo tiempo.
Ella insistió con voz temblorosa: ¡Quiero bajar, abrí esta puerta!
La cuadra estaba oscura, nadie pasaba por allí. Paula transpiraba de miedo, el tipo caminaba lentamente hacia ella. Paula imagino lo peor. El tipo venia desajustándose el cinto del pantalón ¡Paula grito! el depravado corrió, abrió la puerta de descenso. Paula bajo corriendo, llorando con la mochila en la mano. Corrió dos cuadras sin parar hasta la cuadra iluminada. Doblo la esquina y el colectivo de la línea 63 justo estaba saliendo, Paula corrió un poco más fuerte y saco boleto hasta la Av. Los Incas y Conde.

Texto y foto:

Sandra Ávila

lunes, 17 de mayo de 2010

Destinos cruzados. Sandra Avila


Destinos cruzados- 2008
Obra De: Alberto Navarro Cuevas-Artista Plástico (Las Aguilas, Zapopan, Mexico) www.navarrocuevas.com



Una a una las prendas fueron quedando en el suelo. Con todos los sentidos a flor de piel me seducía con su sonrisa;de a poco me fui dejando llevar;sus suaves manos recorrían mi piel; como un capullo se fue abriendo lentamente, mi cuerpo fue dilatándose. Me lance sobre Él, su cuerpo empapado sobre mí, con total libertad mis caderas fueron testigo vivo de cada segundo; nuestras piernas se entrelazaron; los fluidos emanaban desde los más profundo y puro; prisioneros de una generosa noche de pasión. La tenue luz de aquella vieja lámpara acompaño la inmensidad de la velada .
Los vidrios empañados, las pulsaciones elevadas, la lujuria de nuestro labios se selló, los ecos retumbaban con potencia; las agitadas de nuestras voces; la frescura de lo innato. Nos regalamos el goce y nos sentimos plenos; mi cuerpo vibraba impulsivamente él inundaba su cuerpo en mis voluptuosos senos; los gemidos latentes entre tanto silencio.
La ingenuidad invadió el perfecto de los placeres, mis manos, mi torso, cada instante se hacia eterno; los cabellos se enredaban cuerpo a cuerpo; el éxtasis brotaba de los miseros poros. Sigilosos ya exhaustos culminaron su coronación.
La brillante y espesa claridad asomaba la puerta.Un mundo apartado donde lo mágico y real se pone en duda y se hace hasta confuso.

Ella- Sandra Ávila

Obra de Alberto Navarro Cuevas
Técnica: Carbón
www.navarrocuevas.com










Ella
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Llenándome de deseos, ahogándome en su piel y su sangre envuelto en llamas; ardiendo de pasión .Tenía una belleza imperfecta la magia y la pureza de su alma me cautivaron. Recuerdo esa cruda tarde de invierno cuando la conocí, cierro los ojos y no puedo olvidarla quizás no haga falta que la tenga físicamente, amo y extraño sus recuerdos, que vuelven a mi mente tan frescos como aquella tarde. Ardía de pasión y quemaba en mi cuerpo, presencié la locura de su transformación de ira ardiente; mis sentimientos reviven cada vez que me invade su recuerdo siempre estará en mis pensamientos. Le hago el amor las veces que deseo, con sus piernas abiertas, la desnudo y la beso. Recorro su silueta con mis livianas manos, deslizo sus cabellos lacios entre mis dedos, me envuelvo en su cintura y luego sostengo cada uno de sus senos entre mis manos, le beso los pies, recorro la larga ruta de sus piernas, su espalda , me detengo en el muro de su sexo. Me adueño de ella, enloquezco, con el inconfundible modelo de su curvas, me estremezco con sus gritos, la siento más mujer que nunca. Ella está ahí, los olores, su risa , su llanto, cada objeto se parece a Ella.
Ella amanece junto a mí ¡ Alguna vez fue mía... ! Ya no recuerdo los días exactos que no la he vuelto a ver, nunca más volví a saber de Ella.
Sin duda presiento que en brazos de otro hombre cautivando su cuerpo... y Ella temblando y ardiendo de pasión. Ella que se entregaba con total libertad, sabía muy bien adueñarse del cuerpo de este hombre. La extraño cada de mí vida, me arrepiento de haber sido tan cobarde y no haberle dicho que la amaba con todas mis fuerzas.

De: Sandra Ávila

Un cuento policial inédito en "Y la muerte me susurró al oído. Vol. II"

Este volumen 2 trae 9 autores contemporáneos y también me sume como escritora, es emocionante ver mi cuento en este libro.